EL POTRERILLO DE ENTONCES POR CIRO A QUIROZ OTERO

Potrerillo carecía de un nombre. Tampoco alardeaba de un pasado. Nació sin historia. Su territorio fue una manigua insondable, en cuyo centro hubo una laguna profunda y misteriosa, mecía sus aguas con sospechosa calma. Carecía de afluentes por lo que se creía que esas aguas manaban del centro de la tierra, pues, su nivel era el mismo, ya fuera invierno o verano. Ha llevado por nombre mata é palma y estuvo rodeada de árboles frondosos y milenarios, por cuyas ramas se filtraban escasos rayos de sol, que daban vida a plantas parásitas, helechos, ramilletes, orquídeas diminutas, que adornaban con su manto el espectáculo de esa flora de atractivos colores y por cuyo interior deambulaba una fauna variada, que se alimentaba según las leyes de la biología silvestre.